Reportaje selccionado
Por Carla Ordoñez, periodista
En Bolivia, el ejercicio pleno de los derechos políticos aún no llega por igual a todos. Para las y los jóvenes indígenas, el camino hacia la participación y la toma de decisiones sigue marcado por obstáculos estructurales, desigualdades históricas y límites invisibles que restringen su acceso a los espacios de poder.
En la Nación Guaraní, pese a contar con una sólida estructura orgánica donde muchos jóvenes asumen roles de liderazgo dentro de sus comunidades, la llegada a cargos de alta decisión y a escenarios políticos estratégicos continúa siendo un desafío pendiente.
Este reportaje se adentra en las voces, luchas y resistencias de jóvenes del Chaco tarijeño, a través de la experiencia de la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG) y de Charagua Iyambae, la primera Autonomía Indígena Originaria Campesina del país, para comprender cómo se construye la participación política desde el territorio y qué barreras aún quedan por derribar.
Durante las elecciones nacionales, tanto en primera como en segunda vuelta, numerosos jóvenes participaron como observadores y en tareas de control del voto. Una de ellas fue Milena Martínez, de la comunidad Campo Grande y perteneciente a la APG Zona Yacuiba, quien relata que durante la jornada electoral asumió la responsabilidad de verificar la participación de los votantes en las mesas especiales habilitadas, junto a otros miembros de su capitanía.
Al referirse a las oportunidades que tienen las y los jóvenes para ocupar cargos en espacios políticos, Martínez es crítica y contundente: considera que los partidos políticos suelen instrumentalizar a la juventud sin reconocer ni valorar sus capacidades. “No se puede decir: estas son nuestras ideas. No hay un partido que realmente nos valore; es utilizarnos y luego lanzarnos al vacío”, afirmó.
Juventud y liderazgo
A sus 23 años, Maribel Herrera Fernández se convirtió en la primera mburuvicha de la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG) Zona Caraparí, en la región del Chaco tarijeño. Asumió el cargo en enero de 2025, tras recibir el voto de confianza de las capitanías de la zona, marcando un hito en la participación juvenil dentro de la estructura orgánica guaraní.

Su camino hacia el liderazgo comenzó desde muy joven, acompañando a su madre, quien ejerció la dirigencia durante 12 años. “En ese proceso me inculcó valores y aprendí sobre el trabajo organizacional”, relata Herrera, destacando que ese aprendizaje fue clave para asumir responsabilidades dentro de la APG. Reconoce que el inicio de su gestión no estuvo exento de dificultades. El directorio saliente se resistía a dejar el cargo, pese a que los estatutos establecen un periodo máximo de dos años. “Me presenté a una terna y fuimos a elecciones”, explica.
Al referirse a la participación de jóvenes en los procesos electorales, Maribel señala que muchos cumplieron roles como observadores del voto. En el caso de la circunscripción especial indígena, que permite al pueblo guaraní elegir a su representante a la Cámara de Diputados, denuncia irregularidades en la forma en que algunos partidos políticos presentaron candidaturas. “Hubo candidatos que no pertenecían a la APG y otros que se autoproclamaron”, afirma. El candidato elegido de manera orgánica por la zona del Chaco no logró inscribirse debido a observaciones en la documentación, lo que impidió su participación en la contienda.
Sobre el liderazgo juvenil, Herrera considera que aún existen falencias, tanto por la falta de interés de algunos jóvenes como por la persistencia de prácticas tradicionales que priorizan a personas adultas en los cargos. Sin embargo, remarca la necesidad de fortalecer capacidades y proyectarse hacia las próximas elecciones subnacionales. “Los jóvenes están acostumbrados a que los cargos los ocupen adultos, pero podemos formar una plancha por usos y costumbres, trabajando juntos jóvenes y adultos que ya tienen experiencia”, sostiene.
Subraya que las propuestas de los partidos políticos y de las instituciones deben responder a las problemáticas reales de la juventud rural e indígena. La educación y el empleo figuran entre las principales demandas. “Es distinto ser joven en la ciudad que en una zona rural. Muchos tienen que salir a estudiar, dejan la formación para trabajar y ayudar a sus familias”, explica. La falta de fuentes laborales obliga a muchos a migrar a las grandes ciudades, alejándose de sus comunidades. Aunque reconoce que la tecnología abre oportunidades de acceso a información y formación organizacional, advierte que en las zonas rurales persisten serias limitaciones de conectividad. En la APG Zona Caraparí, que agrupa a 21 comunidades, viven aproximadamente 300 jóvenes que enfrentan a diario estas desigualdades.
William Durán, de 22 años, es Encargado de Comunicación de la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG) de Villa Montes y capitán comunal de Tahiguaty. Desde ese rol, analiza la participación juvenil en las pasadas elecciones y destaca que, junto a otros jóvenes, formaron parte del control del voto a través de la plataforma Observa Bolivia. De cara a las elecciones subnacionales de 2026, señala que la juventud guaraní ya no solo observa, sino que empieza a proyectarse como protagonista en los espacios de decisión. “Se ha visto jóvenes senadores y diputados en otros departamentos, y eso nos motiva a que nos tomen en cuenta; ahora podemos apuntar a cargos como asambleístas o concejales”, afirma.

Durán subraya que para lograrlo es clave fortalecer la participación de jóvenes dentro de la estructura orgánica de la APG. Advierte que existen factores como el desinterés y la débil identidad con el pueblo originario que limitan su involucramiento. “Se ha visto poca participación; a partir de los 18 años, por usos y costumbres, ya eres parte de la organización”, explica. Si bien reconoce la importancia de que las personas adultas ocupen cargos por su sabiduría y experiencia, insiste en que los jóvenes deben asumir responsabilidades, alzar la voz y no sentir vergüenza de su identidad indígena.
Respecto a las elecciones nacionales, el joven líder observa otra barrera estructural: la falta de información en las comunidades. Señala que muchas personas no conocían a los candidatos, lo que derivó en una alta cantidad de votos nulos. La distancia geográfica y la escasa cobertura comunicacional impidieron el acceso a información oportuna, mientras que, en contraste, la desinformación circuló con mayor facilidad a través de las redes sociales. En su capitanía a nivel Zonal, la APG contabiliza 600 jóvenes aproximadamente entre 16 – 28 años en rango de edad. Lamenta que muchos jóvenes deben migrar fuera del país, para generar ingresos económicos. “Las necesidades laborales están presentes, se van a Chile, ya que en la región no hay fuentes de trabajo, algunos forman familias desde muy jóvenes”.
La nación guaraní también se extiende hacia el Chaco chuquisaqueño. En Estación Macharetí, Cirilo Flores ocupa el cargo de segundo Mburuvicha; inicialmente fue elegido como primero, pero tuvo que renunciar por motivos laborales. La región atraviesa una fuerte crisis económica, lo que hace unos meses lo llevó, al igual que a muchos jóvenes, a migrar a Chile en busca de oportunidades. Hoy, de regreso en su territorio, continúa trabajando dentro de su organización.
Durante la pasada elección, Cirilo participó como delegado de mesa. Señala que los partidos políticos suelen acercarse a los jóvenes o a miembros de la APG para captar votos, pero posteriormente no cumplen las promesas ni los acuerdos establecidos. En este sentido, insiste en la necesidad de fortalecer la estructura orgánica y de priorizar soluciones que respondan a las necesidades reales de las comunidades.
“Sufrimos por la falta de agua, los caminos están en mal estado y es complicado cuando alguien se enferma y debe salir al pueblo”, explica. Cirilo es técnico en salud ambiental y cuenta con el respaldo de su organización. “Me he formado dentro de la organización y conozco los procedimientos”, afirma.
Voces que emergen
Charagua Iyambae avanza en el proceso de consolidación de su autonomía indígena, siendo la primera del país. El Chaco cruceño es una región que resguarda historia, diversidad y una riqueza cultural única. En este contexto, dialogamos con jóvenes líderes de sus comunidades, quienes también forman parte de la Escuela de Periodismo Indígena (EPI).
Génesis Quispe Justiniano, de Charagua Pueblo, señala que las propuestas de los candidatos no respondían a las necesidades de los pueblos ni de la juventud. Enfatiza la urgencia de mejorar el acceso a la educación superior, ya que la oferta actual es insuficiente. Explica que, aunque existe una normal en la zona, los cupos son reducidos.

“La educación es vital. Se había pensado implementar carreras semipresenciales con la Universidad Gabriel René Moreno, para que los jóvenes puedan estudiar los fines de semana”, comenta.
Actualmente, Génesis debe trasladarse hasta Macharetí (Chuquisaca) durante la semana para cursar la carrera de Agroindustrias. Sobre sus aspiraciones políticas, expresa que le gustaría postular en el futuro como asambleísta, iniciando primero un trabajo en su barrio y comunidad. Sin embargo, señala que el “adultocentrismo” a menudo limita a los jóvenes, haciéndoles dudar de sus capacidades y restándoles confianza.
Por su parte, Marcelo Viveros, de Cuarirenda, en la zona del Bajo Isoso, participó en el proceso electoral como veedor de mesa, rol en el que aportó transparencia al seguimiento de los resultados en su comunidad. No obstante, considera que la inclusión juvenil en espacios de decisión aún es limitada. “Aparentan que están involucrando a jóvenes, pero luego nos hacen a un lado. La nueva generación también puede ocupar cargos”, reclama.

Limbert Herbas, de la comunidad Chorrito Alto, se desempeñó como operador del SIREPRE (Sistema de Resultados Electorales Preliminares), una función que exige alto nivel de responsabilidad. En cuanto a la participación de jóvenes en espacios de decisión, sostiene que una buena formación y el acompañamiento adecuado permitirán fortalecer liderazgos emergentes.

Por otro lado, Adalid Areruma, de la comunidad Taputa, relata que durante las elecciones nacionales visitó sectores como El Espino, donde los jurados electorales se organizaban para informar a la zona sobre los resultados. En el ámbito tecnológico, destaca que muchas personas no contaban con información suficiente sobre los candidatos ni sobre sus planes de gobierno.

¿Cómo funcionan las circunscripciones especiales?
Las circunscripciones especiales garantizan escaños para la representación política de los pueblos indígenas en la Asamblea Legislativa Plurinacional, en el marco de sus normas y procedimientos propios, reconociendo así su derecho a la participación política desde sus territorios y formas de organización.
Al respecto, la vocal representante de los pueblos indígenas del Tribunal Electoral Departamental de Santa Cruz, Judit Sánchez, explica que los recintos especiales, de acuerdo con la Constitución Política del Estado y la Ley de Deslinde Jurisdiccional, deben ser instalados en comunidades indígenas, Tierras Comunitarias de Origen (TCO) y/o autonomías indígenas que cuenten con personería jurídica y una población superior a 50 votantes. “Estos recintos pueden crearse a solicitud de las organizaciones o de oficio, y están claramente identificados con un pueblo indígena”, precisa.
En relación con la postulación de candidaturas en las circunscripciones especiales, Sánchez advierte que la conformación de paralelos o divisiones internas debilita la estructura orgánica de los pueblos indígenas. “En el caso de la APG, se debe consultar a los capitanes si se va a registrar una sigla y luego proceder al registro de candidaturas. Sin embargo, la ley también prevé que los candidatos puedan estar habilitados a través de alguna agrupación política, que es lo que actualmente se viene haciendo”, señala.
Respecto a la capacitación electoral dirigida a jóvenes, la vocal observa un ausentismo recurrente, ya que muchos acuden a último momento para resolver dudas u observaciones en sus procesos. A ello se suma, según indica, un factor que resulta especialmente perjudicial para quienes buscan iniciarse en la política: la fragmentación de las organizaciones. “Es una debilidad que hemos detectado; muchas veces la división la generan líderes que persiguen intereses personales y se olvidan de las bases”, remarca.
Sánchez también destaca experiencias positivas. Recuerda que durante el último proceso electoral un grupo de mujeres guaraníes se organizó para cuidar el voto en el Chaco cruceño. “Recibimos el llamado de señoritas que querían capacitarse para cuidar el voto y apoyar a quienes no podían movilizarse”, relata, subrayando el potencial organizativo y el compromiso de las mujeres y jóvenes indígenas en la defensa de la democracia.
APG con miras a una sigla propia
El pueblo guaraní puede elegir representantes para la Asamblea Legislativa Plurinacional, por departamento, en el caso de Tarija, pueden optar por un representante en la Asamblea Departamental, además de un Asambleísta Regional en la Región Autónoma del Gran Chaco.
La creación de una sigla propia de la APG en el chaco, avanza con las tramitaciones ante el Tribunal Electoral de Tarija. “Hemos analizado participar como sigla, presentamos nuestra carpeta, estamos esperando subsanar algunas observaciones”, aseveró Víctor Eduardo Galvez, responsable de Producción del Consejo de Capitanes Guaraníes de Tarija.
Desafíos y futuro de la política
Dalmiro Arteaga, presidente nacional de la Juventud Guaraní y miembro de la comunidad Itanambikua, en el municipio de Camiri, reflexiona sobre el rol y las capacidades de las nuevas generaciones dentro de la vida orgánica del pueblo guaraní. Considera que uno de los principales desafíos es recuperar una postura política e ideológica clara, que se ha ido debilitando en las organizaciones. “Existen barreras, pero debemos abrirnos camino”, afirma.

Desde su mirada, construida a partir del trabajo con las bases, Arteaga observa un incremento en la participación de jóvenes que hoy acceden a espacios de formación y capacitación. Sin embargo, sostiene que el reto va más allá de ser un apoyo operativo o un simple instrumento en los procesos políticos. “Nos estamos formando en el mundo académico, pero los políticos nos buscan para apoyo, no para darnos una oportunidad real de trabajar por el territorio”, cuestiona, subrayando la necesidad de que la juventud asuma liderazgos con visión estratégica.
En esa línea, insiste en la importancia de ocupar espacios de decisión y conocer a profundidad la estructura municipal y estatal. Comprender cómo funcionan los cargos, las responsabilidades y el manejo de los recursos públicos es, para él, un paso fundamental. “Ahí es donde se ve cómo se administran los fondos y operan las instituciones. Antes nos manteníamos al margen de la estructura política, hoy eso ya no es una opción”, señala.
Consultado sobre la posibilidad de conformar una plancha política propia del pueblo guaraní, reconoce que es una idea atractiva, aunque compleja en la práctica. Explica que, en la realidad, las candidaturas deben inscribirse a través de una agrupación política y no de manera independiente. En caso de no contar con un partido propio desde la APG, considera viable aliarse con fuerzas políticas existentes, siempre que se mantengan los principios guaraníes. “Puedes ir con un partido verde o azul, pero muchas veces el curul exige cumplir con lineamientos del partido”, advierte.
El joven líder también pone sobre la mesa las limitaciones estructurales que enfrentan quienes aspiran a cargos de mayor jerarquía. “¿Cómo puede llegar un guaraní a ser senador? La carrera política exige recursos económicos, y esa es la realidad”, plantea, evidenciando una de las principales barreras de acceso para los pueblos indígenas.
Para Arteaga, la formación política y técnica es clave para las futuras generaciones. Considera indispensable comprender instrumentos como el Plan Operativo Anual (POA), el Plan Territorial de Desarrollo Integral (PTDI) y la organización del Estado. “Hay que aprender a diferenciar lo Ejecutivo de lo Legislativo y entender también cómo funcionan las autonomías indígenas”, señala.
De cara al futuro, vislumbra un rol más articulado de las juventudes indígenas, en coordinación con las bases y las instituciones. “Debemos ocupar los espacios conquistados a través de la lucha, sin ser corrompidos, manteniendo nuestros principios y debatiendo de igual a igual con los karai”, expresa. Entre sus aspiraciones personales, Arteaga no descarta llegar algún día a la Asamblea Legislativa y sueña con que, en el futuro, la Nación Guaraní tenga incluso un candidato presidencial. “Hemos tenido un presidente aymara, ¿por qué no podría haber un guaraní?”, cuestiona.
Finalmente, recuerda que en la cultura guaraní existe un profundo respeto por las personas mayores y por los sabios, conocidos como arakua iya. A su juicio, el desafío está en combinar ese conocimiento ancestral con la mirada y los criterios de las nuevas generaciones. En ese camino, señala problemas urgentes que deben ser atendidos por partidos políticos e instituciones: el avasallamiento de tierras, el acceso a educación y salud, la deforestación de los bosques y la falta de agua, demandas históricas que siguen marcando la agenda de los pueblos indígenas.


